martes, 19 de julio de 2016

Superando el pasado

SUPERANDO  EL  PASADO

Se  trataba  de  un genuino  buscador. Desde  occidente  había  viajado a  la  India para  seguir su  búsqueda. Llevaba  ya  muchos  años  de viaje  espiritual, incansable  en  su  larga  marcha  hacia  la  autorrealización,  rastreando sin tregua  el  ansiado  conocimiento  de  LA  VERDAD. Había  leído  las escrituras de  todas  las  religiones,  había seguido  numerosas  vías  místicas,  había  puesto  en práctica  no  pocas  técnicas  de  desarrollo  personal  y  había  escuchado a  un  gran  número de  maestros; pero seguía  buscando  y  buscando. Viajó  sin  descanso  por  toda  la  India.  Había  ido de  un estado  a  otro  y de  una  ciudad a  otra,  indagando, buscando,  anhelando  encontrar  el  sentido de  la  vida.  Un  día  llegó a  un  pueblo   y  preguntó  si  había  algún  maestro con  el que  entrar en contacto.  Le  contaron  que  no  había  ningún  maestro,  pero  que en  una  montaña   cercana  habitaba  un  ermitaño. El  hombre  se  dirigió   entonces  a  la  montaña  con  el  propósito  sincero  de  hallar  al  ermitaño. Comenzó a  ascender  por una de sus  laderas.

     De  repente  observó    que  el  ermitaño  bajaba  por  el  mismo  sendero  por  el  que  el  subía. Cuando  estaban a  punto de  cruzarse  e  iba  a  preguntarle  cual  era  para  él ,  el  mejor  método  para  acelerar  el  proceso  hacia  la  total  liberación,  el  ermitaño dejó  caer  al  suelo   un  saco  que  llevaba a  sus  espaldas. Se  hizo  entonces  un  silencio  profundo, estremecedor, total  y  perfecto. El  ermitaño  clavó  sus  ojos, sutiles  y 
elocuentes ,  en  los  del  buscador…¡¡Qué mirada  aquella,  que fuerza!! …Luego,  el  ermitaño  cogió de  nuevo  el saco,  lo  cargó  pausadamente  a  sus  espaldas  y  prosiguió  su  marcha.  Ni  una  palabra,  ni  un  gesto, pero…¡¡Qué  mirada  aquella,  que  fuerza!!…El  buscador  de  súbito  comprendió  en  lo  más  profundo de  sí  mismo.  No  se  trataba  de  una  mera   e  insustancial  comprensión  intelectual  sino  clara  y  visceral. Con  el  entendimiento  correcto  pudo darse  cuenta  de  la  necesidad de  abandonar  el  fardo del  pasado  y  nacer  al  momento  presente  para  poder  evolucionar  y  encontrar  la autentica VERDAD.
     El  ermitaño le  hace  comprender  al  buscador  que  hay  que  despojarse  del “saco”  de  los  condicionamientos,  las  memorias,  la  historia personal,  las  ideas  y  los  prejuicios;  HAY  QUE  DEJAR  QUE  TODO  ESO  CAIGA Y  SABER  SOLTARLO  PARA  QUE  LA  MENTE  SE  REMUEVE  Y  FLOREZCA  A  CADA  MOMENTO  Y  ASÍ  PUEDA  ECLOSIONAR   TODA  NUESTRA  FUERZA  INTERIOR D E  SABIDURÍA  Y  PLENITUD. 


BUDA  DECLARABA: << EL  PASADO  ES  UN  SUEÑO; EL  FUTURO,  UN  ESPEJISMO;  EL  PRESENTE,  UNA  NUBE  QUE  PASA >> ; PERO  ESTA  NUBE  QUE  PASA  HAY  QUE  SABER  PERCIBIRLA  CORRECTAMENTE  Y  APROVECHARLA  EN  EL  APRENDIZAJE  VITAL.















Vida

SÓLO SE VIVE UNA VEZ


Una chica americana escribió una de las más bellas poesías de amor de los últimos tiempos. La tituló: Lo que no hiciste.

Empieza así…

<< ¿Te acuerdas del día en que te pedí prestado el coche nuevo y lo dejé hecho un acordeón? Pensé que me matarías, pero no me dijiste una palabra.

¿Te acuerdas del día en que te hice ir casi a rastras conmigo hasta la playa y tú decías que iba a llover, y llovió? Pensé que me ibas a decir: “¡¡Si es que te lo había dicho…si es que te lo había dicho!!”…Pero no lo dijiste.

¿Recuerdas aquella vez en que yo coqueteaba con todos para darte celos y tú te pusiste celoso? Creí que ibas a dejarme, pero no lo hiciste.

¿Te acuerdas cuando se me cayó la tarta de fresas sobre la tapicería de tu nuevo coche? Temí que ibas a gritarme << ¡!Idiota…más que idiota¡! ¡!Inútil¡! > Pero no lo hiciste.

¿Y te acuerdas de aquel día en que me olvidé decirte que la fiesta era en traje de etiqueta y tú te presentaste con vaqueros? Temí que ibas a ponerme de vuelta y media, pero no lo hiciste.

Si. Hay tantas cosas que no hiciste. Pero tenías paciencia conmigo , y me querías y estabas siempre de mi parte. Había tantas cosas de las que quería pedirte perdón cuando volvieras de Afganistán. Pero tú no volviste.



Regla de oro; pasaremos por la vida una sola vez…Por tanto , todo el bien que podamos hacer, todo el cariño y la cortesía que podamos manifestar a cualquier persona hagámoslo en cuanto podamos dignamente. No lo dejemos para más tarde ni lo retrasemos, porque no tendremos otra oportunidad; no pasaremos por la vida, por segunda vez.













Si yo cambio


Si  yo  cambio, el  mundo  cambia


Dormía…dormía y  soñaba  que  la  vida  no  era  más  que  alegría. Me  desperté  y  vi  que  la  vida  no  era  más  que servir…y  el  servir  era  alegría. -Rabindranath  Tagore.
Casi  no  la  había  visto. Era  una  señora  anciana  con  el  auto  varado en  el camino. El  día  estaba  frío,  lluvioso  y gris. Alberto se  pudo dar  cuenta  que  la  anciana  necesitaba  ayuda.
Estacionó su  auto   destartalado delante  del  Mercedes de  la  anciana. Aun  estaba  tosiendo  cuando  se  le  acercó. Aunque  con  una  sonrisa  nerviosa  en  el  rostro, se  dio  cuenta que  la  anciana  estaba  muy  nerviosa.  Nadie  se  había  detenido desde  hacía  más  de  una  hora,  cuando  se detuvo  en  aquella  transitada carretera.
Realmente  para  la  anciana, ese  hombre   que  se  aproximaba  no  tenía muy  buen  aspecto; podría  tratarse  de  un  delincuente. Pero  ya  no  había  nada  por  hacer. Estaba  a  su  merced. Se  veía  pobre  y  hambriento.
Alberto  pudo  percibir  como se  sentía. Su  rostro  reflejaba  cierto  temor. Así  que se  adelantó  a  tomar  la  iniciativa  en  el  dialogo:

-Aquí vengo  para ayudarla señora. Entre a su vehículo  que  estará  protegida  del  clima.  Mi  nombre  es  Alberto.
Gracias  a Dios tan  solo se  trataba  de  un neumático  bajo,  pero  para  la anciana  se trataba  de  una  situación  difícil. Alberto  se  metió  bajo  el  coche  buscando  un  lugar  donde  poner  el  gato  y  en  la  maniobra se  lastimó varias  veces  los  nudillos.
Estaba  apretando  las  últimas  tuercas,  cuando  la  señora  bajó  la ventana  y comenzó a  hablar  con él.  Le  contó de  donde  venia;  que  tan  solo  estaba de  paso  por  allí,  y  que  no sabía  cómo  agradecerle  todo. Alberto  sonreía  mientras  cerraba  la  caja  de  herramientas.  Le  preguntó  cuánto  le  debía,  pues  cualquier  suma  consideraba  la   anciana  sería  correcta  dadas  las  circunstancias, ya  que  pensaba  las  cosas  terribles  que  le  hubiese  pasado  de  no  haber  contado con  la  gentileza  y  la  amabilidad de Alberto. Él  no  había  pensado en  dinero. Esto  no  se trataba de  ningún trabajo  para  él.



Ayudar  a  alguien  en  la necesidad  era  la  mejor  forma de  pagarle  por  las  veces  que  a  él, a  su  vez  ,  lo  habían  ayudado cuando se  encontraba  en  situaciones  similares  en  la  vida.   Alberto  estaba  acostumbrado  a  vivir  así.  Le  dijo  a  la anciana  que  si  quería  pagarle,  la  mejor  forma de  hacerlo  sería  que  la  próxima vez  que  viera a  alguien  en  necesidad,  y  estuviera  a  su  alcance  el  poder  asistirla,  lo  hiciera  de  manera  desinteresada,  y  que  entonces… -tan  solo  piense  en  mi-.  agregó  despidiéndose.  Alberto  esperó  hasta  que el  auto se  fuera.  Había  sido  un  día  frío, gris  y  depresivo,  pero se sintió  bien  en terminarlo de  esa  forma;  estas  eran  las  cosas  que  más  satisfacción  le  traían. Entró  en  su  coche  y  se  fue.   Unos  kilómetros   más  adelante  la  señora  divisó  una  pequeña  cafetería.  Pensó  que  sería  bueno  quitarse  el frío  con  una  taza  de  café  calentito  antes  de  continuar  el  último tramo de  su  viaje.  Se  trataba  de  un  pequeño  lugar  un  poco desvencijado.  Por  fuera  había  dos  bombas  viejas  de  gasolina  que  no se  habían  usado  por  años. Al  entrar  se  fijó  en  la  escena  del  interior.  La caja  registradora se  parecía a  aquellas de  cuerda  que  había  usado  en  su  juventud.  Una  cortes  camarera  se  le  acercó  y  le  extendió  una  toalla de  papel  para  que  se  secara  el  cabello  mojado  por  la  lluvia. Tenía  un  rostro  agradable  con  una  hermosa  sonrisa. Aquel  tipo de  sonrisa  que  no se  borra  aunque  les tuviera  muchas  horas  de  pie.  La  anciana  notó  que  la  camarera  estaría de  ocho  meses  de  dulce  espera.  Y,  sin  embargo,  esto  no  le  hacía  cambiar  su  simpática  actitud.  Pensó en  cómo , gente  que  tiene  tan  poco,  puede  ser  tan  generosa  con  los  extraños.  Entonces  se  acordó de Alberto…
 
Luego  de  terminar  su  café  caliente  y  su  comida,  le  alcanzó  a  la  camarera  el  precio de  la  cuenta  con  un billete  de  cien euros. Cuando  la  muchacha  regresó  con  el  cambio  constató  que  la  señora se  había  ido.  Pretendió  alcanzarla. Al  correr  hacia  la  puerta  vio  en  la  mesa  algo  escrito en  una  servilleta de papel  al  lado de  cuatro billetes de  100  euros.

-No  me  debes  nada,  yo  estuve  una vez  donde  tú estás. Alguien  me  ayudó  como  hoy  te  estoy  ayudando a  ti. Si  quieres  pagarme, esto es  lo  que  puedes  hacer: no  dejes de  asistir  y  ser  bendición a  otros como  hoy  lo  hago  contigo. Continúa  dando  de  tu  amor  y  no  permitas  que  esta   cadena  de  bendiciones se  rompa.
Aunque  había  mesas  que  limpiar  y  azucareras  que  llenar, aquel día  se  le  fue  volando. Esa  noche,  ya  en  su casas,  mientras  la  camarera  entraba  sigilosamente  en  su  cama, para  no despertar a  su  agotado esposo  que  debía  levantarse  muy  temprano; pensó   en   lo  que  la  anciana  había  hecho con  ella. ¿Cómo  sabría  ella  las  necesidades  que  tenían  con  su  esposo,  los  problemas  económicos  que  estaban  pasando,  máxime  ahora con  la  llegada del  futuro  bebé? Era  consciente  de  cuan  preocupado estaba  su  esposo  por  todo  esto. Acercándose  suavemente  hacia  él, para  no despertarlo,  mientras  lo besaba  tiernamente,  le  susurró  al  oído:
-Todo  va  a  estar  bien, te  amo…Alberto.

SI  YO  CAMBIO….EL  MUNDO  CAMBIA  








Sevilla Contigo, Ciudad Compasiva

Y ES VERDAD…que nuestro modelo social nos lo pone cada vez más difícil y en una sociedad cada vez más envejecida necesitamos estar más orientados a movilizarnos a ayudar a aquel que lo necesita. El sistema no será sostenible si seguimos en la línea actual, recurriendo al sistema sanitario, cuando lo que necesite la persona sean cuidados domésticos y atención con dignidad y no
curación porque desgraciadamente ya no haya cura. Hablar de cuidados paliativos no es hablar de algo triste: es hablar de acompañamiento y de dignidad.


     La atención sanitaria y social en todo este periodo paliativo es fundamental, pero requiere la implicación además de toda la comunidad: el cariño y la responsabilidad familiar no se pueden delegar. El impacto medio de cada persona en sus últimos seis meses de vida para el sistema sanitario se cifra aproximadamente en 35.000 0000 euros.


     Comunidades de Irlanda, Canadá, Argentina, Colombia, Australia o Reino Unido ya lo están haciendo. Familiares, amigos y vecinos cuidan a personas mayores y en fase terminal como complemento a los servicios sociales y sanitarios que ni pueden suplantar el cariño que de esos colectivos sale ni soportar los costes de las cada día mas personas longevas que precisan tratamientos y una calidad de vida digna.


     En Sevilla y de la mano de Emilio Herrera, presidente de la Fundación New Health, con el nombre de Sevilla Contigo, Ciudad Compasiva ya está trabajando en esta línea. Se pretende generar un cambio social en la relación con los mayores y los pacientes con enfermedades crónicas avanzadas a través de la creación de comunidades sensibilizadas e implicadas en el cuidado de esas personas en su entorno más inmediato, que complementen la oferta se servicios sanitarios y sociales. Hay comprometidas una treintena de instituciones de la vida sevillana como el ayuntamiento, la Universidad Hispalense, la Universidad Loyola Andalucía, el departamento de políticas sociales de la Universidad Pablo Olavide, el Colegio de Médicos y bastantes hermandades: “Tenemos que sensibilizarnos para identificar a las personas que afrontan los últimos momentos de su vida y ser capaz de movilizarnos para poderles ayudar desde sus propias casas” . Porque hay un hecho comprobado: al final hemos de morir y en los últimos meses de vida, el 70% de todos nosotros necesitamos una enorme cantidad de cuidados. El problema se agrava cuando a la vez nuestra sociedad occidental envejecida y más necesitada de cuidados, cada vez porque hay menos personas en edad y en disposición de cuidar. Tenemos que implicarnos todos como familia, amigos, vecinos… la prevalencia de enfermedades crónicas y de dependencias es cada vez mayor, por lo que s e requiere una respuesta de un sistema que trabaje al unisonó por el bienestar de las personas de una forma más eficiente. . New Health opina que, a menudo, los servicios sanitarios y sociales, tratando sin embargo de hacerlo lo mejor posible, han caminado de espaldas el uno del otro y esto es un error, porque a medida que las necesidades son cada vez mayores y más complejas se requieren respuestas contundentes, sin fisuras, capaces de ofrecer una única atención integrada.
Difúndelo.






domingo, 17 de julio de 2016

Medina Azahara y su leyenda

UN DÍA EN LAS RUINAS DE MEDINA AZAHARA

Sí, la palabra Medina en árabe significa ciudad. Y Medina Azahara fue un sueño. El sueño de Abderramán III (Al Nassir) y la envidia de muchos califas y emires por aquellos jardines orientales. Una frase a él atribuida dice: "Los monarcas perpetúan el recuerdo de su reinado con el lenguaje de bellas construcciones". Fue su capricho para premiar a la enamorada. Al Nasir reclamó alarifes de Damasco, Bagdad y Constantinopla y eligió para su ciudad los más exquisitos materiales: mármol de Macael, de columnas de Ifriquiya, ónice de Málaga, madera, marfil, oro, plata, jaspe, cristal de roca y hasta piedras preciosas que adornaron los mosaicos de las estancias reales de su amada y los lienzos que recibían la luz en el salón de Abderramán III (salón rico). Esta pieza, las más áulica del conjunto, fue testigo del recibimiento de personalidades como los embajadores de la época del rey de Germania, Oton I, y Sancho de Navarra, que quedaron deslumbrados.

     Algunas fuentes narran,  sin embargo,  que el salón Rico recibía la luz de una alberca llena de azogue situada en los jardines mientras que otros piensan que la densidad del mercurio habría roto el recipiente. También se fabula sobre la montaña de la Desposada. De la que dice la leyenda que fue sembrada de almendros para que su favorita granadina de origen no dejase de ver la nieve y le recordase a su Sierra Nevada, al ponerse todos los almendros en flor pasado enero. Esto sin embargo parece más bien una traslación poética de lo realizado casi 100 años después por el rey de Sevilla, Al Mutamid, en el Aljarafe, para complacer a su esclava Rumaykiya. Bella excursión…la de Córdoba y la de Mairena del Aljarafe, también.