domingo, 18 de octubre de 2026

 










“Tetuán,  una  emoción  fuerte “

 

 

Comentaba entre  otras  muchas  cosas, en  su libro “Tetuán”,   mi  paisana Esther Bendaham :” Yo  en  realidad no me  fui  de Tetuán, sino que  me  llevaron “. Y  en seguida esa  expresión  de “ ausencia pasiva tetuaní” me  transporta  a  varias  de  nuestras  muchas reuniones  que desde aquellos  lejanos  años,  hemos  tenido  los  antiguos  residentes en Marruecos, en  su  mayoría españoles, pero  por  supuesto muchos  hebreos  que  también tuvieron mayoritariamente  esta  diáspora  junto  con  nosotros. Ese  recuerdo, de  “¿Cómo fue  nuestra  salida familiar  de Tetuán, como se  produjo? Muchos  de  nosotros decían  que se  produjo, casi  sin  previo  aviso, tras  el verano, y con  el  trauma  de “no  volver  ya  de  la  península a  recoger sus  pertenencias, sus libros, sus  juguetes, decir  adiós a su  casa, a  sus  amigos …” En  mi  caso  sí  sé  que mi  padre ya  comentaba  a  mi  madre  la  posibilidad  de  que  “tendríamos  que  irnos “. Y continuaba relatando nuestra  paisana tetuaní : “Con  el  tiempo  he  descubierto  que  también entre  los  tetuaníes , que  por  diversas  razones  se tuvieron  que  ir , se  mantienen  un  vínculo singular ;dicen  los  neurólogos   que  uno  recuerda especialmente las  emociones  fuertes , y   creo  que  Tetuán  era  eso: una  emoción  fuerte.”

               Y ya vienen  los  recuerdos “ De  Tetuán recuerdo  el  olor  a  ropa  limpia ,naranjos ,azahar, almendras  y  miel . Esther Bendaham hace  que  nos  identifiquemos  con  ese ADN  de  los que fuimos niños tetuaníes entre los  años 50 y 60 del pasado  siglo, cuando fuimos  capaces ya  de adultos de  volver  a  aquel  escenario de  emociones donde habíamos vivido nuestras  más  tiernas  emociones, porque  creo  que  todos hicimos  ya  adultos lo  mismo,  buscar  como  locos nuestra casa, nuestra  calle, nuestro  colegio, nuestros  rincones  de  juegos. En  mi  caso  habían  sido  cinco casas , aquel Tetuán  de  nuestra  infancia  ya  detectaba  una escasez  de  vivienda en  el  ensanche  europeo, y  solo  tras  la  independencia  marroquí  en  1956, liberó  una  multitud  poco a  poco  de  viviendas  más  cercanas  al  centro de  la  ciudad, considerado entonces   como  la  popular “^Plaza del  Primo “, volví 15 años después, en  1982 y  busque ansioso , caminando rápido en  Luneta, Puerta Bab  Saida, Puerta Bab  Okla  o  de  la Reina, y  las  calles Ahmed  Ganmia y la  ultima  en General  Prim , ya  con el  nombre  de Tarik  ibn Ziyab .Llegaba  cansado,  pero buscaba, eso, la  que  fuera “mi  casa” la  ventana o  el balcón  donde  mi  madre  instalaba  sus  geranios o sus macetas de  yerbaluisa . Esther lo  describía a  su  modo así  :  “En  mi  primer  regreso me  acompañaron Miguel de Lucas y Fernando Vara del Rey .Paseamos   por  la  ciudad  en busca  de  nuestras antiguas  casas. Mis  amigos Mercedes y Bibinha encontraron las suyas. Ellas salieron de Tetuán varios  años  más  tarde  que  yo. Sabían  situarlas. Caminábamos  con  el  plano  que  mi  padre  me  dibujo,  los  nombres  de  las  calles habían cambiado, eran  otros  pero  algunos  recordaban  sus  otros nombres. Su  casa  estaba cerca de  la  plaza principal, se  llamaba  plaza  de España, su  calle se  llamaba  Mojame Jatib,me  describió un  edificio  con  una  escultura en  lo  alto, era  el  edificio  de  la  Unión  y  el Fénix. Cerca  también  de  la  que  se  llamaba  plaza  José Antonio, era en  la  esquina  de  Mohamed V. encontré  la  calle,  pero  no  supe  seguro el lugar. La  calle  Mohamed  V. , antes , vaya, Generalísimo Franco, atraviesa  la  ciudad desde  la  plaza  de España.  Había  una   gran  explanada, preámbulo o  final, hasta la  iglesia  católica, en  la  plaza  Muley  Helmedi. Es  la calle  principal, donde  mi  abuelo  materno Isaac tenía  una  tienda de  telas; en  esta  calle  recuerdan  mis  padres la  heladería la Glacial, varios  café, el casino. Mi  madre cuenta como  paseaba por esa  calle  con  sus  amigas  de  un  lado a  otro,(…)volvimos  a  la  explanada, donde  hay  un gran  palacio, residencia   antes  del alto Comisario español, y  del  Jalifa, es  el lugar  central desde  donde , como si  ese  fuera  el  eje, surgen  los  barrios  de la  ciudad: se  llega  a  la  judería por  un  lado, a  la medina  por el  otro. La  calle  que  se llamaba La  Luneta, donde  había  un  teatro , era la  ampliación de  la  judería, en  la  calle  donde  se  desarrolla  parte  importante  de  la  novela “Entre costuras “ de  María Dueñas (…)las  calles  blancas  y  verdes. Y  llegamos  a  la sinagoga, que  suele  estar  cerrada  y  no  aparece  en  las guías. La abrieron para nosotros. Es una  sinagoga pequeña pero que  tiene  aún algo  vivo. En Tetuán  se  habilitaron  muchas  sinagogas ,la  de  mi  familia  se llamaba La  Pintada, quizás  porque en  algún  momento se  encalaron  sus  paredes, quien  sabe, pero esta  es la  única  que  queda hoy, se la conoce  como  la  de Isaac Bengualid”

                  Siguiendo  el  relato de Esther, me  viene  al  recuerdo especialmente mis  vivencias en  el  Mellah, en  el  barrio de  la  judería,  entre  los  siete  años y  los  diez, de mis amigos hebreos y  españoles  que  vivían  o  tenían  los  negocios de  sus  padres en el barrio, matrimonios  mixtos, los apellidos Attias, Benasayag, Benoliel, los Benavides, el bar de los Bravo,los Cohen , librerías  de anticuarios, verdulerías, encurtidos, tiendas de  telas. Comprando  un  día  algún  encargo de  mi  madre, y  ver  que  algunas medidas  o  pesas  eran  monedas  muy  antiguas, empezó  mi  afición de  numismático, la  que  he  conservado  hasta  estos días ya de mi  vejez y que contemplo, miro y  remiro acordándome de “ aquellas  negociaciones de  niño” para acordar con el  dueño o  la dueña del  bakalito, la  adquisición de algunas monedas de gran valor “casi   arqueológico “e  incluso, la  anciana que llego  a  regañarme  por  querer “pasarme de listo “ en  el aventajado  trueque que pretendía con  mi  imaginación de  niño , hacerme   de  las  monedas antiguas, de Fernando VII  y  algunos  duros antiguos, como  decían  los  gaditanos.. Precisamente  junto a  esa  sinagoga  vivían  los Attias,,  su  hijo  Carlos,  y otros amigos como  Samuel, y  Elias,a  los  que  conocía  también  de  mis  largos  partidillos  a  la  puerta  de la Escuela de  la  Alianza Israelita .  Y   jugábamos  incansablemente  en  aquella  estrechísima calle  cual  si fuera el  amplio  estadio de Sania Ramel ,donde  soñábamos  jugar  algún  día  como titulares  de  nuestro Atlético de Tetuán. En  la  librería de anticuario  junto  a  la  fuente, encontrábamos  ya  libros interesantísimos de  auténticas  bibliotecas  que  las familias  españolas  que  se  comenzaban  ya  a  marchar de Tetuán  vendían o  donaban. Nos quedábamos horas y horas, leyendo  o  viendo  las  ilustraciones de aquellos libros o  tebeos.

              Es  verdad que  muchos de  nosotros, no solamente  mantuvo  una  memoria de  nuestras  personales vivencias  infantiles, que  suelen  grabarse muy  bien en  la  memoria, las  que  ya  nunca  se  olvidan sino  también en  el  recuerdo  y  las  menciones que  nuestros  padres, con  el  paso de  los  años, y  casi  inesperadamente, cuando  menos  lo  esperábamos, nos  soltaban : - niño, no  vengas tarde y  cógete  el  trole.

                     Como  relata E.Bendahan refiriéndose a nuestros  recuerdos tetuaníes : “ Atrapando  imágenes,  me  doy  cuenta  de  que  recuerdo Tetuán  en la  memoria  de  mis  padres, en  lo que  vivo hay  siempre  un Tetuán  oculto,  un nosotros  hacíamos o  esto era así.  Supongo que  así  viven  los  que  dejan  su  hogar. Mis  padres  fueron  afortunados. Se  marcharon  junto a  sus  amigos y familia. Se  encontraron  con  otros  españoles  que  no  quisieron  olvidar ,se  agruparon en La Medina, asociación de  antiguos residentes, en Marruecos que fomenta los re encuentros. Claro, que  cualquier exilio tras la shoah nos  parece leve. Dormí  en  el Hotel Al  Mandari ,que  da  a  una especie  de  mirador de  la  ciudad(…)y  mirando  por  la  ventana  sentí  una  especie de  serenidad delante  de  aquellas  hermosas vistas  de  las  montañas  de Tetuán “ Leer  este  pasaje  de Esther me  trae  la  emoción  de  que  la  casa de  mi  infancia, un  piso interior , estuvo donde  hoy  el Hotel Al Mandari, y  que  desde una ventana interior me empinaba y  asomaba  la  cabeza para ver por un  lado aquella hermosa vista de las montañas del Sur de Tetuán, y  por el Oeste el enorme patio de recreo  del colegio de  la  alianza israelita, desde donde saludaba a pitidos y silbatadas a algunos de  mis  grandes amigos de los  partidillos de  futbol de los  jueves. Tras aquel  “exilio “leve y  más  llevadero  que  otros,  nunca  “ tan  duro  como  la  shoah, hemos  vuelto a Tetuán, y  además  gozando  en  varias  ocasiones.   Yo también volví ,como dice Bendahan “Hoy  quienes  recuerdan Tetuán, viven  fuera ,quienes viven en Tetuán  sienten  nostalgia, dolor, enfado, porque  al  irse  España se  quedaron  más  lejos  de Europa. Si vemos  desde  el  aire  ambos  continentes  casi  se tocan, como  si  la  tierra en Tetuán se  negara  a  separarse, agarrándose  al  otro  lado “

              La  crisis “migratoria” o  la  invasión , según  se  mire me  trajo  este pensamiento o reflexión de Esther Bendaham  en  su  libro  hace  ya  años.

 

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